Formulario de acceso

Inicio

LA COMUNIDAD DE INVESTIGACIÓN EN FILOSOFÍA PARA NIÑOS

primi sui motori con e-max

La filosofía para niños nace con el propósito de formar personas que piensen por sí mismas, autónoma y críticamente. Este deseo proviene del compromiso explícito del programa con los valores morales y políticos exigidos por el ejercicio de una democracia participativa. El planteamiento de Lipman, fundador de la escuela, defiende que estos valores no pueden adquirirse sin un desarrollo cognitivo pleno, y viceversa: la adquisición de las habilidades lógicas y de pensamiento no se puede separar de un entorno de reflexión en torno a valores y actitudes.

La mejor manera de llevar este doble propósito a cabo es la comunidad de investigación, que hace referencia a los dos pilares fundamentales de filosofía para niños: la continua indagación y la construcción del conocimiento en comunidad. Así se aprende a pensar a por sí mismo, pero con los demás, pues se entiende que el pensamiento solo lo es verdaderamente cuando es público, esto es, cuando se comparte con otros.

La comunidad de investigación

La comunidad de investigación es el modelo propuesto por la filosofía para niños para la adquisición de conocimiento, y se fundamenta en la práctica del diálogo para llevar a cabo una investigación colectiva que culmine (aunque nunca de manera definitiva) en un conocimiento construido en comunidad. Los niños deliberan, con la ayuda de un profesor-animador, y compartiendo esta actividad investigadora llegan a aprender los procedimientos de la investigación filosófica. La disposición en círculo del aula es la más adecuada, pues facilita que todos los participantes se integren y se reconozcan como iguales en la actividad.

Comienza por leer un texto en grupo, que normalmente es un fragmento seleccionado de uno de los textos de Lipman, a partir de la cual surgirá la discusión. Tras la lectura, se invita a los niños a formular las preguntas que la lectura ha podido suscitar. La investigación, por tanto, se construye sobre este primer asombro de los participantes, que abordan un mismo “problema” desde distintas perspectivas: las preguntas son el detonante para construir la discusión, ya que con ellas se comienza a identificar los problemas que deja entrever el texto. En este sentido las novelas de Lipman son muy ricas, pues ofrecen múltiples hipótesis sobre las distintas cuestiones que presentan, sin dar ninguna de ellas como cierta, demarcando el campo en el que los niños inician la investigación.

Hay que señalar que en este contexto es muy importante el uso del lenguaje, que es necesario manejar con precisión para que cumpla su función. Por ello es imprescindible asegurarse de que el texto se ha comprendido, y de que todos los integrantes de la comunidad entienden lo mismo por cada uno de los términos. Así cobran especial relevancia ciertas operaciones lógicas como la definición, la distinción, la comparación, etc., que se aprenden y se afinan como medios de expresión del pensamiento. Este es el motivo de que, aunque la comunidad de investigación no persigue desarrollar explícitamente destrezas relacionadas con la lecto-escritura, este sea uno de los parámetros en los que se observan en los niños cambios más drásticos a muy corto plazo.

Deliberar no es debatir

La comunidad de investigación es una mini-sociedad que se construye con unas normas consensuadas entre todos, y en la que todos participan como artífices. Por ello es importante señalar también que en la comunidad de investigación se busca deliberar, y no tanto debatir. En un debate se pretende convencer a los otros mediante argumentos mejor o peor fundados, mientras que los participantes en una deliberación, como los miembros de un jurado, persiguen un fin común hacia el que se avanza con las aportaciones de todos los participantes y a través de la interacción entre ellas.

Esta postura, denominada falibilismo, fue expuesta en primer lugar por Pierce (filósofo americano de finales del s. XIX), y consiste en admitir que las ideas que defendemos son siempre revisables y que no se puede afirmar con contundencia que la investigación sobre un tema esté acabada. Así surge, como virtud exigida por el contexto, la tolerancia, al reconocer la diversidad como enriquecimiento y no como obstáculo.

El papel del profesor

El profesor, en medio de todo esto, deja de serlo para convertirse en un animador o facilitador. ¿Esto qué quiere decir? El animador acompaña a los niños en su investigación, y les transmite en un primer momento las “reglas del juego”, pero queda enseguida relegado a un segundo plano a favor de la investigación (y en este sentido las obras de Lipman, al presentar como protagonistas de la investigación a los propios niños, son muy útiles, pues eximen al enseñante de presentarse como modelo). El animador orienta la dirección de la conversación de manera que ésta no sea un sumatorio de preguntas, sino un verdadero diálogo en el que los participantes avanzan en la definición del problema y las posibles vías de resolución. Para ello les ayuda a precisar, les presenta términos para su comparación o análisis, y, lo que es más importante, provoca el rastreo de los principios, las razones y los temas universales subyacentes en las meras opiniones particulares.

La educación en valores

Como hemos resaltado al inicio de este artículo, la Filosofía para niños se enmarca en la práctica de las sociedades democráticas, por lo que persigue el objetivo de dar una verdadera “formación en democracia”: la adquisición, por parte de los niños y futuros ciudadanos, no solo de las habilidades de pensamiento y expresión, sino también de los valores éticos y actitudes fundamentales para el buen funcionamiento de una sociedad democrática en el plano colectivo, y la consecución de la felicidad en el individual, en la firme convicción de que ambos propósitos se requieren recíprocamente. Se persigue por tanto fomentar determinados sentimientos: fuerza del yo para defender las ideas propias en público; respeto al otro en sí mismo, no tanto a sus ideas; capacidad de escucha y de empatía (ponerse en el lugar del otro); cooperación, pues es una búsqueda compartida.

El lugar del animador en Filosofía para niños se presenta por tanto al menos como “delicado”, pues consiste en estar sin estar, formar sin adoctrinar y permitir que los niños descubran por sí mismos a la vez que se les transmiten determinados valores. El programa de Filosofía para niños conlleva una educación moral que no puede caer en el dogmatismo bajo ningún concepto, a la vez que debe alejarse del escepticismo y el relativismo moral. El lugar del facilitador en este contexto es, por tanto, verdaderamente “socrático”, y de la responsabilidad de su desempeño se deriva la importancia que el programa concede a la formación de los adultos y profesores.

Copyright