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Prevenir las drogas, el papel de los padres

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Estamos en casa. De pronto llega nuestro hijo y en su chaqueta ha quedado impregnado el desagradable olor de un cigarrillo. No lo sabíamos. Ahora ya sí: nuestro hijo fuma. Nuestro hijo se ha iniciado en el mundo de la drogodependencia. Este es uno de los mayores rompecabezas que ocurren en los núcleos familiares y lo es porque cada vez más el consumo de drogas aparece a edades más tempranas y los padres temen por si sus hijos son realmente conscientes del riesgo al que se exponen. ¿Qué deben hacer para impedirlo? Buen refrán para recordar ese que dice: “Más vale prevenir que curar”. Así que si realmente deseamos alejar a nuestros hijos del camino de la drogadicción, es necesario que trabajemos en la prevención desde que son pequeños.

Es muy común eso de que se les exija a las instituciones públicas (ministerios, ayuntamientos, colegios…) que hagan algo e intercedan en el asunto para evitar las drogodependencias, y es cierto que estos organismos tienen su papel y su deber, pero requieren de apoyos secundarios y de más actuaciones que complementen la prevención y aúnen fuerzas para ser efectivos. Para prevenir hay que conocer bien cuáles son las causas y factores que intervienen en un adolescente para sucumbir a la droga. Las causas son múltiples y variadas y unas y otras se relacionan entre ellas, por lo que cada caso es diferente. Esto hace que no se pueda hablar de causas concretas de drogodependencia ni de motivos puntuales. Por ello, a estas causas se les llama factores de riesgo. El papel de los padres es alejar y proteger a los hijos de estos factores.

Fumar

Una de las cosas más importante en el núcleo familiar es que los hijos sean personas autónomas, capaces de tomar sus propias decisiones, conociendo los riesgos, ventajas e inconvenientes de cada una de ellas, que sean capaces de analizar por ellos mismos cada situación y sopesarla bajo su punto de vista. Los padres son solo consejeros e iluminadores de su camino, pero quienes han de construir el sendero son ellos, los hijos. Los padres tienen la responsabilidad de enseñarle los valores necesarios para que a la hora de la verdad sepan cómo lo tienen que hacer. De la enseñanza familiar desde que los niños son pequeños hasta que se hacen adolescentes depende en gran medida la posición que adoptarán frente a la drogodependencia. Hay varios estilos educativos familiares.

Estilo represivo: Los padres son autoritarios de forma radical e imponen sus normas, decisiones y puntos de vista. Este estilo no es el más adecuado, como es lógico. Los padres controlan todo, pero no apoyan nada.
Estilo sobreprotector: Los padres controlan intensamente la vida de los hijos pero no con normas sino con el cariño, intentan estar detrás de ellos a cada instante, les protegen en exceso y les restan responsabilidades. Esto les impide a los padres ver las cosas como educadores, sobre todo a la hora de imponer control. Sus hijos no son capaces de vivir sin que sus padres estén ahí. Sería este el caso opuesto al anterior: Los padres apoyan en todo, pero no controlan nada.
Estilo indiferente: Los padres se despreocupan bastante de las circunstancias que rodean a sus hijos. No ejercen control ni dan muestras de cariño. Ni controlan ni apoyan.
Estilo fortalecedor: Los padres controlan a sus hijos de forma firme, pero flexible y razonadamente. Les conceden autonomía y responsabilidades, derechos y deberes. Y además, se preocupan, se interesan por ellos y les apoyan.
El estilo más adecuado para la prevención del consumo de drogas es este último. Por varios motivos, el primero es que esta forma de educación tiene la ventaja de que establece vínculos de amistad y confianza en la familia, los hijos se comunican con los padres y se cuentan las cosas. En las familias donde impera el control, el pasotismo o la excesiva y agobiante sobreprotección no hay comunicación. Y ese es el gran problema: si no hay comunicación familiar, afrontar los problemas que vayan viniendo será realmente difícil. Y, en segundo lugar, el estilo fortalecedor es positivo porque ayuda a la madurez de la persona, a ser seres pensantes, autónomos y analistas. Y si nuestro hijo sucumbe al consumo de drogas no tendremos nada que temer mientras él mismo conozca sus límites, sus consecuencias y sus efectos.

Fumando
Los amigos, el barrio y el ámbito familiar son algunos factores de riesgo.

Aparte de la comunicación que decíamos, ¿cómo pueden los padres prevenir la drogodependencia? Los padres tienen control sobre algunos factores muy determinantes en el consumo de drogas de sus hijos. Uno es el propio entorno familiar: si se crían en un entorno en el que los padres fuman, los hermanos se lían porros y algún otro miembro planta marihuana, el hijo cogerá el mismo camino desviado que siguieron los demás. En segundo lugar, el grupo de amigos. La influencia de los amigos es evidente, así que los padres tienen la responsabilidad de enterarse de qué círculos frecuentan sus hijos y tratar de guiarles en la selección de buenos amigos, nunca prohibiendo nada, y en todo caso seleccionando colegios en los que se vean ambientes sanos y saludables. Esto mismo es aplicable al barrio en el que viven. Finalmente, es necesario y muy útil hablar de estos temas con los hijos. La comunicación siempre es lo más importante. Hablar de las drogas, de la responsabilidad, de sus consecuencias, de sus causas, de sus efectos negativos, pero también positivos (siempre hay que dar toda la verdad del asunto, no aislar informaciones interesadas), servirá para que los hijos adquieran autonomía y sean ellos mismos quienes acaben tomando la decisión de si emprender o no el camino de la drogodependencia. Pero, en un caso u otro, los padres deben seguir manteniendo el mismo papel fortalecedor del diálogo, la comprensión y el apoyo.

Fuente: ceapa

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