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Aula inversa: cómo atraer a las nuevas generaciones con estrategias activas de aprendizaje

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La velocidad con la que se producen los cambios ha reducido de forma significativa la distancia entre generaciones, de manera tal que una diferencia de diez o doce años en la edad de dos personas implica diferencias sustanciales en la manera de ver y entender el mundo.

La última generación categorizada es la que se denomina “Z” o “IGen”, que engloba a los nacidos entre 1995 y 2010, y su característica principal es haberse criado en un ambiente pleno de Internet.

La generación anterior, denominada “millennials”, que engloba los nacidos entre 1980 y 1994, creció y estudió en una época de prosperidad económica, creyendo que la preparación académica de grado era suficiente para triunfar en la vida y utilizando la tecnología como una herramienta más para conseguir sus objetivos.

La generación Z, en cambio, está creciendo en un mundo en recesión económica, azotado por el terrorismo, con una visión negativa del futuro medioambiental del planeta y con perspectivas laborales menos optimistas que su antecesora.

Con esa percepción de la vida va perdiendo sentido el consumo desenfrenado, el narcisismo simbolizado por el “palito de la selfie”, el egoísmo o el individualismo.

Uno de los aspectos más característicos que define a estos jóvenes Z es que las tecnologías de la información (TIC), forman parte inseparable de sus vidas y de todas sus relaciones sociales, laborales o culturales.

Gracias a Internet y a su gran capacidad de recibir y gestionar una cantidad ingente de información y discriminarla según su criterio, se han acostumbrado a no depender tanto de sus padres y maestros para adquirir el conocimiento, ya que lo que no entienden lo resuelven con un tutorial de Youtube.

La brecha tecnológica que se ha producido con sus mayores es tan grande que están convencidos que éstos en muchos casos ya no los pueden ayudar y de esa manera se va forjando un carácter autosuficiente, autodidacta y consecuentemente emprendedor.

Y hablando de educación, la generación Z es más realista que la anterior, ya que vieron cómo a sus mayores no le fueron suficientes los títulos universitarios, másters o sobrecualificaciones para construirse un futuro profesional acorde a sus expectativas.

Refractarios a la educación tradicional
Esto los ha hecho bastante refractarios a la educación tradicional y teórica, interesándose más en una educación práctica, flexible, creativa, basada en las experiencias, vinculada a proyectos compartidos y orientada a gestionar la incertidumbre y la complejidad a las que se enfrentan cada día.

Ese cuestionamiento descubre que muchas de las prácticas que se consideran fundamentales como la clase con el docente al lado del pizarrón, los exámenes memorísticos y la tradicional ocupación del espacio en las aulas lucen obsoletos.

Estos estudiantes escriben y se comunican de nuevas maneras con una nueva sintaxis, breve y visual, por eso no usan el mail ni el SMS, y sí los mensajes instantáneos, los emoticones. Es sintomática la adopción de la red social como Snapchat que cada 24 horas destruye lo dicho.

La pérdida de miedo que caracteriza el comportamiento de esta nueva generación no sólo afecta al área de la tecnología, sino a todos los aspectos de sus vidas, convirtiendo en algo positivo lo que hasta ahora eran problemas. Entre otros, se ha perdido el miedo a no tener intimidad y se ha aceptado la transparencia como un nuevo código en la sociedad.

Menor focalización de atención
Diversos estudios indican que la focalización de atención en los menores ha descendido de una media de 12 segundos en 2000 a 8 segundos en 2015, lo cual indica que los jóvenes y adolescentes están procesando más información en menos tiempo, un dato que la escuela no debe obviar.

El gran desafío de los docentes es tomar conciencia de que en una misma aula hay 20 o 30 universos únicos e irrepetibles que demandan un trabajo personalizado y que desean sobre todo participar y generar un aporte real a las demandas que la misma comunidad educativa tiene.

La solución está al alcance de un clic. Se trata de incorporarlos al aprendizaje, hacerlos protagonistas a partir de lo que los motiva.

Cinco elementos clave
La flippedclassroom o aula inversa, el aprendizaje basado en proyectos o retos, las hackschools y el constructivismo son solo algunas de las tendencias educativas que están adquiriendo fuerza en la actualidad.

A pesar de tener diferencias importantes, estas metodologías comparten al menos cinco elementos clave para adaptar el modelo educativo a las necesidades de esta generación:

• Integración tecnológica. Prohibir los dispositivos digitales o teléfonos celulares en el aula ya no es una opción, en lugar de ello, es importante saber integrarlos a la labor educativa para que los alumnos desarrollen habilidades superiores de pensamiento investigando, analizando e incluso creando contenido propio de manera más autónoma.

• Docente como guía. El docente ya no es aquel que le enseña al alumno a través de la cátedra unilateral, sino que se convierte en guía y procura acompañar al alumno en el diseño, implementación y evaluación de resultados de su proceso de aprendizaje. Como guía le brinda las herramientas necesarias para ser exitoso en la resolución de problemas y ayuda al alumno a detectar sus errores en el camino para poder corregirlos.

• Experiencias de aprendizaje significativas. Para brindar una educación valiosa es importante diseñar actividades y proyectos que sean relevantes para la vida de los alumnos y que tengan algún impacto ya sea en su vida personal, en su comunidad o incluso a nivel provincial o nacional.

El aprendizaje basado en proyectos o retos e incluso la gamificación son buenos ejemplos de esto. A través de la tecnología el docente puede y debe romper las barreras del aula y ayudar al alumno a aprender sobre temas relevantes para sus vidas a través de la interacción con el mundo fuera de la escuela.

• Discusión y debates. Ahora que tienen acceso ilimitado a la información, los niños y sobre todo los adolescentes tienen opiniones muy claras con respecto a cuestiones sociales, políticas y ambientales y por ello se debe permitir que estas voces se expresen y debatan de manera libre.

• Espacios educativos dinámicos. El aula tradicional con filas estáticas de alumnos sentados de manera individual ha quedado obsoleta para una generación que se mueve en entornos digitales colaborativos. Para potenciar la colaboración es importante tener un aula dinámica que se adapte a las necesidades de las actividades diseñadas por el docente guía. El alumno debe tener acceso a espacios apropiados, ya sea establecidos o a partir de mobiliario móvil, para la tarea que se le presenta.

Es fundamental tener espacios donde los alumnos puedan discutir en equipo y hacer, por ejemplo, lluvia de ideas, o estaciones de investigación donde puedan acudir a buscar cualquier cosa que necesiten, incluso salir del aula debería estar contemplado en un futuro para permitir un desarrollo más integral de los alumnos.

Por último, es necesario recordar que la más importante de esas metodologías disruptivas, el flippedclassroom o aula inversa, se encuentra en pleno desarrollo en nuestra provincia a través de Plataforma Guacurarí, lo que pone a Misiones en la vanguardia de la educación para las nuevas generaciones.

Por Miguel Sedoff, especialista en innovación educativa y director de la Plataforma Guacurarí.

Fuente: diario Primera Edición http://www.primeraedicion.com.ar/

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