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Cómo Prevenir el Tabaquismo en Jóvenes y Adultos: 8 Consejos

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Para prevenir el tabaquismo es importante evitar los primeros consumos o, por lo menos, evitar que las primeras experimentaciones con el tabaco no vayan a más y no se conviertan en una adicción.
El consumo de tabaco supone hoy en día un problema grave de salud pública. Desde la década de los 60 se conocen y se consideran de forma exhaustiva los peligros que reporta esta droga sobre el estado de la salud. Sin embargo, en la actualidad el consumo de tabaco se encuentra altamente masificado.
Cómo prevenir el tabaquismo
En este sentido, las técnicas y las intervenciones preventivas cobran especial importancia, ya que debido a la aceptación que tiene el tabaco en la sociedad, es necesario realizar una serie de acciones que capaciten a las personas para rechazar el consumo de tabaco.
Estas intervenciones preventivas se centran principalmente en la adolescencia e inicio de la etapa adulta, ya que es en esas edades cuando la mayoría de individuos empiezan a experimentar esta droga.
Una gran parte de los jóvenes que empiezan a fumar acabarán consumiendo regularmente y desarrollarán adicción a esta sustancia. Sin embargo, si no se consume tabaco durante estas edades, la probabilidad de acabar siendo fumador habitual se reducen muchísimo. Es mucho mejor prevenir que intentar dejar de fumar.

Por este motivo, hoy en día existe cierto consenso sobre que la población diana en la que se deben realizar intervenciones preventivas las confeccionan los jóvenes y los adolescentes.

La importancia de prevenir el tabaquismo

El consumo de tabaco constituye un problema de salud pública mucho más elevado de lo que la gente piensa.

De hecho, el tabaquismo hace muchos años que se ha instaurado en la sociedad, por lo que el consumo de esta sustancia ha estado masificado durante décadas.

Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía años atrás, en la actualidad se conocen a la perfección los peligros y las consecuencias que implica fumar.

Según la OMS, el tabaquismo sería la primera causa evitable de muerte y de enfermedad con más de cinco millones de muertes anuales.

Así mismo, la encuesta nacional de salud demostró como la prevalencia del tabaquismo en España es extremadamente elevada.

Concretamente, analizando la población general (de 15 a 85 años de edad) se observa como el 24% de los individuos fuman de forma regular.

La prevalencia es algo mayor en los hombres (28%), pero se existe un aumento importante entre el sexo femenino, ya que una de cada cinco mujeres también consumen tabaco.

De todos estos casos de fumadores, se estima que la mitad de ellos morirá de forma prematura a causa del tabaco.

Del mismo modo, un estudio realizado en el año 2000 estimó como el tabaquismo podría constituir un 20% de las muertes anuales en Europa.

Otro estudio nacional estimó que la mortalidad causada por el tabaco en España podría elevarse hasta los 55.000 muertes anuales (un 16% de la mortalidad total).

Estos datos pueden parecer muy alarmantes, sin embargo, todavía no se ha conseguido reducir la prevalencia del tabaquismo, y las personas siguen fumando a pesar de las posibles consecuencias que acarrea el consumo de tabaco.
¿Cómo prevenir el tabaquismo?
Si ahora mismo aterrizaras en la tierra, no supieras nada sobre el tabaco y acabarás de leer lo que hemos comentado hasta ahora, muy probablemente ni se te pasaría por la cabeza encenderte un cigarrillo.

Sin embargo, en nuestra sociedad esto no funciona así, ya que la cantidad de personas que acaban consumiendo tabaco es muy elevada.

Este hecho se debe a dos factores principales: por un lado, la falta de concienciación de la sociedad respecto a los peligros de fumar y por el otro, el claro componente adictivo que posee el tabaco.

De este modo, las personas, especialmente los jóvenes y adolescentes, pueden empezar a experimentar con el tabaco sin ser conscientes de las repercusiones de fumar y sin encontrar claras prohibiciones que les restrinjan el consumo de tabaco.

El otro factor importante que explica el tabaquismo es la elevada adicción que presenta esta sustancia.

Una persona puede experimentar cuando es joven con el tabaco, con el único objetivo de conocer qué es o qué se siente al fumar un cigarrillo.

Sin embargo, muy seguramente desconocerá que estos primeros consumos pueden convertirse en una adicción al tabaco, la cual aparecerá mucho antes de que se quiera dar cuenta.

Así pues, para prevenir el tabaquismo es importante evitar los primeros consumos o, por lo menos, evitar que las primeras experimentaciones con el tabaco no vayan a más y no se conviertan en una adicción.

¿Cómo podemos hacer esto?

1- Infomar

El primer punto fundamental para cualquier intervención preventiva consiste en informar.

En la sociedad existe cierto conocimiento de que el consumo de tabaco es perjudicial para la salud pero a menudo dicho conocimiento resulta vago o poco consistente.

“Sí, el tabaco puede producir cáncer o hacer que te canses antes…”

Esta frase la conocerá todo el mundo ya desde joven, ahora, ¿es suficiente saber esto sobre el tabaco para estar concienciado de que no se debe fumar?

Probablemente no, ya que si fuera así no se explicaría que hoy en día haya tanta gente que fuma y tantos jóvenes que empiezan a hacerlo.

Así pues, proporcionar información a los jóvenes sobre las repercusiones reales del tabaco en el cuerpo y sobre las enfermedades que origina, los porcentajes de muerte que causa y el deterioro que provoca en el cuerpo resulta vital para prevenir el tabaquismo.

2- Psicoeducar

El segundo paso que se debe realizar consiste en “psicoeducar”, es decir, en proporcionar información acerca de las cualidades psicológicas del consumo de tabaco.

Este segundo punto resulta especialmente relevante para que los individuos conozcan el potencial adictivo del tabaco y adquieran un mayor respeto a fumar.

De hecho, si sólo se proporciona la información del apartado anterior, el riesgo de que se acabe fumando sigue existiendo.

Esto sucede porque al explicar las características del tabaco no se debe mentir, por lo que se especificará que las consecuencias o las enfermedades originadas por el tabaco aparecen a largo plazo.

Así pues, ante este tipo de información, un joven puede desarrollar de forma automática el pensamiento de. “si me fumo ahora un par de cigarrillos no pasará nada”, “ya lo dejaré de hacer más adelante y no tendré problema”.

Ante este pensamiento, un adolescente puede empezar a fumar de vez en cuando, estando convencido que lo hace de forma esporádica y temporal pero, cuando quiera darse cuenta, habrá creado una clara adicción al tabaco.

Así pues, resulta especialmente útil proporcionar conocimientos básicos sobre las adicciones, el potencial adictivo del tabaco y qué le sucede a una persona cuando empieza a fumar de forma recurrente.

3- Introducir el razonamiento

Introducir el razonamiento hace referencia a dejar espacio a los jóvenes para que ellos mismo puedan valorar y juzgar el hecho de fumar.

Si se proporciona información de forma taxativa, comentando términos y datos de forma rígida y con el único objetivo de “asustar” o prohibir el consumo en los adolescentes, estos pueden adoptar una respuesta de rebeldía y hacer lo contrario de lo que se les dice.

Este hecho podría ser equiparable a cuando se le dice a un joven que debe estudiar. Él sabe perfectamente que debe hacerlo pero, al ser impuesto, hace todo lo contrario en señal de autonomía y rebeldía.

Así pues, resulta importante tener en cuenta la opinión de los jóvenes y adolescentes acerca del tabaco y de lo expuesto en los contenidos informativos.

A través de la opinión, los individuos podrán empezar a razonar y a elaborar la información recibida. Las opciones de rechazo a lo comentado disminuirán, y será más probable que en la conclusión extraída por los jóvenes aparezca un claro rechazo al tabaco.

4- Motivar para no fumar

Como hemos visto, el hecho de informar no resulta suficiente ya que si una persona quiere fumar, por mucho que sepa que resulta nocivo para su salud, se acabará encendiendo un cigarrillo.

Ante esto, resulta muy conveniente motivar el hecho de no fumar del mismo modo que se puede motivar para realizar cualquier otra acción.

La sociedad está acostumbrada a motivar a la gente a hacer cosas pero muy poco a no hacerlas, y a menudo estas últimas resultan más relevantes incluso.

Ante esto, encontrar motivos y objetivos que cumplir a través de la ausencia de tabaco resulta fundamental para prevenir su consumo.

5- Apoyar en el ejemplo

Desgraciadamente apoyar en el ejemplo es algo que muchos mayores no pueden hacer hacia los más pequeñas ya que son muchos los adultos que consumen tabaco.

No obstante, es muy importante que la persona encargada de realizar las intervenciones preventivas del tabaquismo (sea profesor, padre, madre, etc.) pueda predicar con el ejemplo y, por lo tanto, no fume.

De lo contrario, todo lo expuesto puede perder su valor y no causar ningún efecto preventivo sino más bien todo lo contrario.

6- Instruir valores positivos hacia la vida

Instruir valores positivos hacia la vida, enfatizando los aspectos buenos de vivir y la necesidad de cuidar la salud y valorar la vida que uno tiene resulta muy positivo para prevenir el tabaquismo.

De hecho, fumar puede interpretarse como una acción autodestructiva o que atenta de forma intencionada contra la salud de uno mismo.

De este modo, las personas que poseen valores positivos hacia la vida y valoran tanto su salud como el mismo hecho de vivir, tendrán mayores mecanismos para evitar el tabaquismo e interpretar el tabaco como algo altamente nocivo.

7- Realizar actividad física

Realizar actividad física, fomentar actividades saludables y adoptar estilos de vida sanos son el mejor mecanismo para no dar lugar de entrada al tabaquismo.

De hecho, un joven que practica deporte o actividad física de forma frecuente, está motivado por su práctica deportiva, y disfruta cuidando su físico y su estado de forma, seguramente rechazará encenderse un cigarrillo.

Además, tener un estilo de vida saludable, comer bien, tener una vida organizada y valorar la salud física y el cuidado de uno mismo son aspectos especialmente relevantes para evitar el consumo de tabaco.

8- Enseñar a rechazar

Finalmente, otra estrategia importante para prevenir el tabaquismo consiste en enseñar a decir que no.

Todas las técnicas anteriores pueden no resultar eficaces si ante un momento de presión social, el joven es incapaz de rechazar el cigarrillo y acaba consumiendo tabaco.

Así pues, enseñar a rechazar constituye una habilidad básica para toda persona, no sólo para prevenir el tabaquismo, sino para un correcto desarrollo intra e interpersonal.

Sin embargo, la educación emocional todavía no se ha instaurado bien en los sistemas educativos de nuestra sociedad, por lo que para prevenir el consumo de tabaco puede resultar importante prestar especial atención en las capacidades de la persona para rechazar y decir que no.

Consecuencias del tabaco

mujer con náuseas y mareo por cigarro

El tabaco se caracteriza por no originar enfermedades o alteraciones importantes a corto o a medio plazo.

De este modo, a diferencia de otras sustancias que pueden provocar consecuencias negativas rápidamente, el tabaco requiere un consumo más prolongado para resultar altamente nocivo para la salud.

Por lo que respecta las consecuencias a largo plazo, el tabaco se relaciona con tres enfermedades principales: las enfermedades respiratorias, el cáncer y las enfermedades vinculadas al aparato circulatorio.

De todos ellos, el que parece resultar más importante es el desarrollo de cáncer de pulmón.

El cáncer no lo provoca el tabaco de por sí, ya que es generado por el propio cuerpo.

Sin embargo, cuando el cuerpo metaboliza el tabaco consumido, se activan enzimas cancerígenas, por lo que el tabaquismo incrementa gravemente el riesgo a padecer cáncer.

Además, los cigarrillos suelen contener componentes cancerígenos como el alquitrán, por lo que fumar resulta muy peligroso para contraer cáncer de pulmón.

De hecho, la OMS estima que el consumo de tabaco es responsable del 90% de los casos de mortalidad ocasionada por el cáncer de pulmón.

Otra enfermedad muy relacionada con el tabaco es la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), debido a la combustión que se realiza al fumar.

La OMS estima que el tabaquismo puede explicar el 95% de los casos de mortalidad ocasionada por EPOC, por lo que esta enfermedad podría no resultar mortal si no se acompañara del consumo del tabaco.

Finalmente, el tabaco actúa como vasoconstrictor en todo el cuerpo (excepto en la cabeza), por lo que su consumo puede originar un elevado número de trastornos cardiovasculares.

Referencias

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Luengo, M.A., Romero, E., Gómez, J.A., Guerra, A. y Lence, M. (2002). La prevención del consumo de drogas y la conducta antisocial en la escuela. Análisis y evaluación de un programa. Madrid: Ministerio de Educación y Cultura.
Lyons, A.C. and Chamberlain, K. (2006). Health psychology: a critical introduction. London: Sage.
Marks, D.F., Murray, M., Evans, C., Willig, C., Woodlall, C., & Sykes, C. (2005). Health psychology: Theory, research,practice. Second edition. London: Sage.
Medina, J.A. y Cenbranos, F. (2002). Programa: ¿Y tú que piensas?. 2ª edición. Madrid: Fundación de Ayuda contra la Drogadicción FAD. 1ª edición 1996 (Web FAD).

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