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Cómo evitar que tu hijo comience a beber: Cómo prevenir el consumo de alcohol en menores

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En España, la ley prohíbe consumir alcohol a los menores de 18 años. Sin embargo, la realidad es que el consumo alcohólico está muy extendido entre la población adolescente, y ni los planes institucionales ni la acción educativa en los colegios parecen estar surtiendo efecto para prevenir que los jóvenes se inicien en el alcohol.

Pero ¿cómo puede evitarse desde la familia que el niño comience a beber? Estas son las pautas que ofrece el Grupo Previnfad, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria:

Mantener una comunicación fluida

El diálogo familiar es un arma de prevención importante para evitar y/o atajar a tiempo conductas indeseadas en el adolescente. Esta estrecha comunicación debe favorecerse desde la infancia, pues es el único modo de que ya esté establecida durante la adolescencia. Cuando el niño tenga 13 o 14 años, preferirá charlar con sus “iguales” (sus compañeros o amigos) en lugar de con sus padres, por eso es importante haber establecido antes esta pauta de comunicación, sin forzar al niño y aprovechando cualquier momento disponible (la cena, el camino hacia el colegio…).

Además, si el niño sabe comunicarse adecuadamente en familia, podrá seguir también este modelo en sus relaciones con sus amigos, lo que le permitirá ser más asertivo (comunicar de forma efectiva lo que desea), y tener capacidad para expresar sus sentimientos.

Buscar intereses comunes

Ya sean aficiones o actividades de ocio, conviene buscar una forma de divertirse conjuntamente con los hijos, interesándose, a su vez, por las cosas que les resulten atractivas a ellos. Es un modo también de inculcarles actividades de ocio saludables que resulten una alternativa al alcohol.

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Juegos en casa. Si el tiempo no acompaña y la lluvia estropea vuestros planes, podéis disfrutar de un día en familia en casa. Aprovecha para que los niños ordenen sus juguetes; enséñales a cocinar, a montar un mueble o una maqueta o divertiros con algún juego didáctico, los de preguntas y formar palabras son los más educativos. ¿Conoces los beneficios de los juegos de mesa?
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Actividades para hacer con niños. Cuando llegan las vacaciones o un día festivo, los mayores estamos deseando gastar el tiempo libre en descansar, pero los más pequeños no tienen los mismos planes. Demandan más atención, más juegos, más televisión, más videojuegos y más salidas al parque o a la calle. ¿Y cómo compaginar tranquilidad y diversión? Aquí tienes algunas ideas.
Fuente: Onmeda
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Paseo por la naturaleza. El aire libre y andar ayuda a relajarnos y activarnos. Caminar por el campo es muy beneficioso para nuestro cuerpo y nuestra mente, pues los niños pueden descubrir plantas, animales y espacios que desconocen. ¿Sabes que en España tenemos 15 parques nacionales naturales? ¿Has estado ya en los Picos de Europa, Las Islas Cíes o el parque de Cabañeros?
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Rutas ecuestres. Si os gustan los animales, montar a caballo puede ser una buena terapia. Los niños aprenden a cuidar y a respetar los animales al tiempo que hacen ejercicio, mejoran sus cualidades motoras y sus reflejos. También mejora la autoconfianza, el sentido de la responsabilidad y se relajan. En la mayoría de ciudades hay centros que organizan rutas a caballo para todos los públicos.
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Parques multiaventura. Tirolinas, lianas, rocódromos, barcas y mucho más. Los parques temáticos han evolucionado y ahora ofrecen actividades en entornos naturales para soltar adrenalina de una forma segura y divertida. Estos recreativos no son solo una forma de hacer deporte sino que además, estimulan el espíritu aventurero y ayudan a vencer miedos (a las alturas, al agua).
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Casas rurales con granjas. El turismo rural no solo es para mayores, los niños también pueden disfrutar mucho de actividades al aire libre y con animales. Muchas casas rurales han adaptado su oferta para familias y ofrecen rutas a caballo o senderismo, pesca, canoa, cuidado de huertos y de granjas (recoger los huevos, esquilar ovejas o dar de comer a los animales).
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Deporte al aire libre. Un partido de fútbol entre amigos, unas canastas de baloncesto, un paseo en bicicleta o con los patines por el parque, esquiar si es temporada o un baño en la playa o el río si hace calor. ¡Cuántos deportes divertidos puedes practicar con tus hijos si te activas!
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Pescar. La pesca es uno de los deportes más relajantes que existen y mientras disfrutáis de la tranquilidad de un lago, un río o el mar, los niños aprenden a tener paciencia. Para realizar esta actividad en familia, no acabéis perdiendo los nervios vosotros y designad tareas a los pequeños para que se sientan útiles y responsables.
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Huerto urbano. La jardinería o el cultivo de un huerto son actividades que favorecen la concentración de los niños y su capacidad de observación. Estas actividades pueden ser alternativas saludables para hacer en familia en casa, con un huerto en la terraza, o en la ciudad, muchas ya ofrecen la posibilidad de alquilar un huerto urbano.
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Actividades solidarias. Enseñar valores también es salud. Cuidar de los mayores, respetar y comprender las necesidades de las personas con discapacidad, apoyar y ayudar a personas enfermas o con bajos recursos, son actividades de las que se obtienen gratos beneficios emocionales y psicológicos. Apúntate en familia a una carrera solidaria o participad como voluntarios en una ONG.
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Cursos para mayores y niños. Si buscas planes en familia en la ciudad, puedes aprovechar para enseñarles a tus hijos la importancia de una alimentación sana. Apuntaos a un curso de comida saludable, enseñándoles a cocinar también aprenden a comer mejor. Y si no les gusta la cocina quizás un curso de robótica, para conocer la tecnología de forma lúdica y divertida.
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Ruta por museos. Visitar un parque botánico, un museo de ciencias, uno arqueológico o un acuario son opciones instructivas para pasar un día en familia. También museos de arte y pintura ofrecen numerosos talleres y actividades para niños, por ejemplo el Guggenheim de Bilbao, el Museo del Prado o el Sorolla en Madrid y el Museo de Bellas Artes en Sevilla.
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Picnic. En la ciudad, en el campo o en la playa no hay cosa que más le guste a un niño que comer con las manos, sin cubiertos, sin platos y sin sentarse a la mesa. Disfrutar de un día soleado con una merienda o almuerzo saludable sobre la hierba, es un buen remedio contra el estrés y las preocupaciones diarias, tanto para ti como para tus hijos.
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Juegos en casa. Si el tiempo no acompaña y la lluvia estropea vuestros planes, podéis disfrutar de un día en familia en casa. Aprovecha para que los niños ordenen sus juguetes; enséñales a cocinar, a montar un mueble o una maqueta o divertiros con algún juego didáctico, los de preguntas y formar palabras son los más educativos. ¿Conoces los beneficios de los juegos de mesa?
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Actividades para hacer con niños. Cuando llegan las vacaciones o un día festivo, los mayores estamos deseando gastar el tiempo libre en descansar, pero los más pequeños no tienen los mismos planes. Demandan más atención, más juegos, más televisión, más videojuegos y más salidas al parque o a la calle. ¿Y cómo compaginar tranquilidad y diversión? Aquí tienes algunas ideas.
Fuente: Onmeda
Tratar de forma individualizada a cada hijo

A la hora de educar deben respetarse las singularidades de cada hijo, estableciendo para él unas pautas adaptadas a sus necesidades y potencialidades tanto en el ámbito académico como en el ámbito personal.

Transmitir valores

El hijo ha de tener claro cuáles son los valores éticos, religiosos, morales o culturales que posee su familia. Esto le otorga seguridad y le ayuda a relacionarse con su entorno.

Promover la autonomía y la responsabilidad

El niño debe ser educado desde la infancia para asumir pequeñas responsabilidades con las que se sienta comprometido. Es una forma de hacerlo sentir importante y autónomo, lo que le valdrá posteriormente en la toma de decisiones propias. La sobreprotección debe evitarse, de modo que el niño aprenda a tolerar las frustraciones y a saber controlar sus impulsos para calmar sus deseos de inmediato.

Dedicar un tiempo a cada hijo

El contacto individual y personal con cada uno de los hijos ayuda a establecer una relación armónica entre padres e hijos. Hay que tener en cuenta que uno de los factores que pueden favorecer el inicio temprano del niño en el consumo de alcohol son las malas relaciones familiares, ya sea por ansiedad o por oposicionismo.

Promover la sobriedad en el dinero

Es beneficioso que el menor compruebe cómo sus padres no son despilfarradores en asuntos económicos. Esa contención le ayudará también a valorar el dinero, que no se les debe proporcionar en cantidades muy altas durante la adolescencia.

Ser un buen ejemplo en el consumo de alcohol

El niño debe ser educado desde la infancia para asumir pequeñas responsabilidades en las que se sienta comprometido. Es una forma de hacerlo sentir importante y autónomo, lo que le valdrá posteriormente en la toma de decisiones propias. La sobreprotección debe evitarse, de modo que el niño aprenda a tolerar las frustraciones y a saber controlar sus impulsos para calmar sus deseos de inmediato.

Conocer a sus amigos

Un buen indicador de lo que bebe el adolescente es cuánto beben sus amigos. Para ello es una buena táctica conocer al grupo lo mejor posible, y si hay oportunidad, ofreciendo el propio domicilio para que se reúnan.

Establecer límites claros y consistentes

El niño debe tener conciencia de que siempre son los padres los que establecen los límites en cuanto a horarios de salida y comportamientos permitidos. Esa autoridad, ejercida de modo firme, aunque respetuosa, otorga seguridad al niño y refuerza su autoestima, pues entiende que sus padres se preocupan por él.

En este sentido, y como la adolescencia es una época de rebeldía, conviene poner normas claras e inflexibles en aspectos realmente importante como el consumo de alcohol, y regular otros aspectos de forma menos rígida, para que el niño no se sienta excesivamente presionado.

Reforzar positivamente sus logros

Gozar de una buena autoestima es clave en el desarrollo armónico de la personalidad y en la prevención de comportamientos de riesgo. Si el niño es capaz de no ceder ante las presiones del grupo para que beba y no necesita tomar alcohol para sentirse integrado, habrá recorrido un gran camino. Esto es fruto de la autoestima, que se fomenta desde pequeños alabando sus logros, no etiquetando al niño, no descalificándolo ante sus fallos y señalando los defectos a mejorar y no a la persona (en lugar de “eres un desordenado”, mejor “me gustaría que ordenaras tu dormitorio”).

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